Un observatorio del Chile naciente

El Cerro Santa Lucía fue el lugar escogido por James Melville Gilliss, líder de la expedición, para inaugurar en 1852 el primer observatorio en territorio chileno. Si bien, sus planes originales eran instalar el complejo en Chiloé, las inhóspitas condiciones y el mal tiempo de la isla, lo hicieron desechar la idea. Luego barajó la opción de Valparaíso, pero finalmente se decantó por la capital.<iframe width=”560″ height=”315″ src=”https://www.youtube.com/embed/w27mj0T9fj0″ frameborder=”0″ allow=”autoplay; encrypted-media” allowfullscreen></iframe>

A juicio de Hidalgo, en esta decisión “primó la comodidad y la intención de estar en contacto con la vida urbana de la capital de una joven república en proceso de formación. Eso debe haber sido muy atractivo para ellos, como observadores no sólo de estrellas, sino también de una sociedad y una nueva nación”.

El observatorio se ubicó en la ladera norte del cerro, entre el Castillo Hidalgo y la cumbre, en dos dos construcciones de madera prefabricadas en Washington: un pequeño galpón de dos aguas donde se instaló el círculo meridiano, y un edificio circular con techo cónico con una ventana giratorio, donde ubicó el telescopio refractor ecuatorial.

“Debe haber sido significativo el contraste entre una ciudad muy rústica y polvorienta y la instalación de los más sofisticados aparatos de observación astronómica del momento”, especula Hidalgo. Un contraste que fue recogido en una ilustración de la misión norteamericana, que muestra un Santiago aún de aspecto colonial y agrícola.